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Soñé con volar.

2010-02-25 09:58:02.0     Comentarios [8]     Permalink     Añadir Comentario
 

Anoche me acosté suplicando a los dioses que el tiempo mejorara, que nos diese “¡ya!” una tregua para poder volar, que tengo ganas de llegar a un despegue seco y ver el viento encarado y perfecto para salir... En esa súplica me quedé dormido.

Y soñé.

De repente, me encontré en mi coche, parado cerca de un despegue. Hacía sol, cúmulos incipientes en un cielo azul indicaban buena actividad térmica, pajarillos revoloteaban jugetones por la ladera... me bajé del coche y me acerqué al despegue, al lado de la manga.

No lo podía creer, una brisa laminar constante y suave entraba perfectamente encarada... corriendo fui al maletero a por mi equipo.

Ni me fijé en un grupo que poco a poco se aproximaba.

 

Me puse, nervioso, a preparar todo.

Cuando me quise dar cuenta, estaba rodeado de esa gente que se había acercado caminando.

Uno de ellos, a modo de portavoz, me dijo: “Qué estás haciendo?”

 

 

Yo, aún afanado en quitar un lío en los suspentes, le respondí: “Prepararme para volar, que está ideal”.

“Lo sospechábamos... Bueno, nos invocaste y hemos venido. Somos los dioses del vuelo, encargados en concreto del vuelo en parapente”.

 

Dejé el lío de suspentes y me le quedé mirando, admirado.

 

“Me llamo Gelvenor”.

Silencio.

“Mira, te presentaré a todos: Este anciano que tienes aquí –le miró con respeto- es nuestro más antiguo antecesor. Se llama Porcher, Porcher Marine. Aunque por su forma de ser, lo llamamos cariñosamente con el mote de “Ripstop”.

Realmente, todos somos sucesores de él... todos le respetamos.

Aquí te presento a Skytex, su primogénto. Como puedes ver, tiene un cuerpo atlético y se conserva muy bien, aunque solemos bromear con él, sabemos que ha usado alguna vez técnicas antienvejecimiento (silicona...) mejor no te cuento...

El resto somos en mayor o menor medida descendientes de ellos, somos una buena prole... De hecho, yo mismo, Gelvenor, como buen dios que soy, tengo el don de llamarme de varias maneras según me aparezca a unos u otros. Por ejemplo, viendo tu equipo, me puedes llamar OzTech, si quieres. Aunque Skytex también hace que vueles.”

Me quedé mirando al grupo. Uno de ellos me deslumbraba un poco con su brillo.

 

“Aerofabrix, ponte a la sombra, que molestas al chaval” – dijo Gelvenor.

 

Gelvenor siguió hablando.

 

“Aquí puedes ver a otros familiares, unos primos carnales nuestros de figura estilizada... El señor Kevlar y su esposa Dyneema... rodeados de su prole: Technora, Liros, Spectra, Cousin, Edelrid. Cualquiera de ellos puede ser tu ayuda para que vueles, pero tranquilo, los genes son los genes y todos son igualmente veladores de tu bienestar...”

 

Yo no salía de mi asombro. Demasiada información de un solo golpe.

 

Solamente me atreví a decir: “¿Y a qué habéis venido, a protegerme en el vuelo que voy a darme?”

 

 

 Gelvenor crujió levemente, recordando al sonido del papel al arrugarlo, y luego se estiró de pronto, con un golpe seco, que sonó parecido a un toallazo.

 

“Nosotros NO PROTEGEMOS. Solamente te otorgamos el don de volar. La protección es tu cabeza. Somos testigos mudos de lo que quieras hacer. Incluso, debido a imprudencias tuyas, o a que nos cuides mal, podemos en ocasiones salir malparados. La diferencia entre tú y nosotros es que nosotros somos infinitos, tú no. Si rompes un suspente de Dyneema por tu descuido, o si dejas que Skytex se vuelva poroso por tu dejadez, nosotros seremos los perjudicados, pero TÚ serás la víctima. Nosotros somos infinitos, saldremos de nuevo del lugar de donde habitamos (lo llamamos Polímeros) para reponer cualquier daño. Tú, pobre humano, impactarás en la tierra de donde te hicimos despegar...”

 

Les miré a todos. Los semblantes eran serios. No bromeaban.

 

Entonces, Dyneema habló, con voz un tanto aguda, pero firme.

 

“Llevas mucho tiempo sin volar... ¿Te has fijado en qué hora es?”

Miré mi reloj.

“Las dos y media” –dije-.

 

Gelvenor, entonces, con ojos penetrantes, me dijo:

“¿Crees que las condiciones son realmente aconsejables para que despegues así, después de tanto tiempo? Según has llegado, has visto la manga encarada y ni te has parado cinco minutos a ver sus ciclos. ¿No has visto que están entrando de cuando en cuando rachas turbulentas de más de 40? Llevas todo el invierno sin ni siquiera hacer campa. Si despegas ahora, con la actividad térmica que ya hay, ¿Sabrás estar con los reflejos a la altura de las condiciones? ¿Reaccionarás a tiempo si te intenta plegar? ¿Podrás apreciar que te metes en la fuga de la ladera antes de que te vayas al sotavento sin poder hacer nada?”

 

Todos me rodeaban haciendo un círculo. Todos me miraban en una mezcla de ternura y severidad.

 

Después de un par de minutos en silencio, me puse a recoger en coliflor el parapente.

 

“¿Qué haces?” Me preguntó OzTech (así podía llamar yo a Gelvenor).

 

“Recojo y me voy a hacer campa a la toma, que hay buen sitio allí. Me servirá para estar preparado para vuelos como éste...”

 

Todos me miraron, sonrientes...

 

...Y entonces, el despertador sonó, me desperté y pude oír de nuevo la lluvia en los cristales de mi alcoba...

 

 

2010-02-25 09:58:02.0     Comentarios [8]     Permalink     Añadir Comentario
 

 

El parapente del siglo pasado.

2010-01-26 16:36:43.0     Comentarios [8]     Permalink     Añadir Comentario
 

Este invierno está resultando ser bastante malo, en lo que a vuelo se refiere... Un frente tras otro, lluvia, nieve y viento, mantienen mi sombra pegada a mi cuerpo.
Los vuelos vividos en el pasado los rememoro como si sueños fueran, mientras espero pacientemente a que las condiciones meteorológicas sean clementes y me permitan volver a volar...
 
Entretanto, he recordado alguna conversación en la que pilotos de este siglo nos preguntan a los pilotos del siglo pasado que cómo éramos capaces de volar con los parapentes de aquélla época, más parecidos a un colchón de muelles que a un perfil aerodinámico...
Las cosas, desde luego, han evolucionado mucho y para bien, pero los trastos de entonces también volaban algo.
 
Como entretenimiento, he editado un vídeo con el material gráfico que tengo de mí en aquélla época.
Eran otros tiempos, mi juventud y mis ganas de volar podían con todo, al principio podéis ver cómo era eso de despegar de frente y corriendo sin cargar peso porque no parecía que fuera tan importante. Del aterrizaje, mejor no hablar.
Luego, podréis ver que por entonces me atrevía con una ladera en condiciones “alegres”: viento más que pasado, a pesar de lo cual saco el anemómetro como para asegurarme de que está en el límite volable... ladera con lluvias alrededor, mi avidez por volar era tal que podía esperar a que una tormenta pasase para despegar en el viento que trae después... podéis ver que todavía al fondo, en el horizonte, está lloviendo...
Con ganas de sentir la adrenalina, despego y saludo al que me graba de una forma “distinta”, hago unos wingovers... por entonces estaba ávido por saciar mi curiosidad por este deporte, creo que todos hemos pasado por una época similar, en la que te probabas a ti mismo... y tus límites. Menos mal que la dosis de prudencia estuvo ahí y no me salí excesivamente de las reglas del juego, lo que me permitió madurar en esto y aprender a volar sosegadamente, y a renunciar a volar si no creo que vaya a disfrutar.
 
Los que me conocéis, probablemente sonreiréis al verme con pelo... tampoco es que fuera la cabellera de los Jackson Five, pero algo había...
 

Los vuelos del siglo pasado... ¿Realmente existieron, o son también parte de mi imaginación?

 

Paragliding in the 90's / Parapente en los 90 from Superop on Vimeo.

2010-01-26 16:36:43.0     Comentarios [8]     Permalink     Añadir Comentario
 

 

La desesperación del que observa.

2009-09-15 21:21:18.0     Comentarios [14]     Permalink     Añadir Comentario
 

Un día bueno.

El calor que las marmóreas rocas de la zona habían ido acumulando durante la jornada, poco a poco se iba liberando de nuevo, ascendiendo al unísono, convirtiendo el valle en una gigantesca ascendencia. Gigantesca y suave a la vez.

Restitución.

 Desde la zona de despegue se puede ver el aire en el valle, denso, formando una tenue bruma vespertina, que hace que el horizonte, el paisaje, se desdibuje en tonos grises, como un velo que cubre todo para protegerlo de la noche venidera y que así conserve su color real para ofrecerlo al despertar del siguiente día.

Condiciones de ladera en el vuelo de poniente.

Decidimos despegar mi amigo y mi amada en el biplaza, yo con mi propia ala. Primero ellos, luego yo.

 

Cuando quise buscarles, eran los mas altos de todos en la ladera. Y éramos siete u ocho.

Inalcanzables.

Compenetración total entre ellos. Girando con absoluta precisión, sin perder un ápice de altura. Como un vals perfectamente ensayado.
Yo mientras tanto, animo a mi vela. Tenemos que encontrar una ascendencia que nos permita subir donde están ellos… las ascendencias son muy suaves, los núcleos son pequeños y hay que ser muy suave para no perderlas… Gira plano, pequeña… más cuerpo y menos mando… poco a poco consigo metros… Cinco, diez, veinte, cincuenta… cien.

Pero ellos siguen ahí, un poco más cerca, sí, pero inalcanzables en su balcón privilegiado… unos cincuenta o sesenta metros por encima de mí…

 

 

La tarde poco a poco va apagando los motores que mueven el mundo; el sol decide empezar su retirada tranquila… la restitución del valle empieza a ser más suave, más suave, más suave… como las palabras de un hipnotizador que hace sucumbir en un extraño sopor a quien le escuche… pequeños resquicios de viento meteo de norte están empezando a aparecer, con la misma suavidad y silencio que el viento de oeste deja ser invadido… es imperceptible.

Paulatinamente, todos los navegantes aéreos vamos perdiendo altura. Pero por supuesto, ellos dos en su tándem son aún los más altos, aunque cada vez, por fin, mas igualados.
Estamos unos ochenta metros por encima y por delante de la zona de despegue.
Al advertir que ya todo se empieza a acabar, mi amigo decide efectuar un tres sesenta para perder un poco de altura, ponerse a mi nivel y después culminar en un viaje final paralelos hasta la toma.El giro, perfecto, abierto, sereno, tal como es su estilo de vuelo.

Yo les observaba atentamente.

Entonces, inexplicablemente, su vela desapareció, arrugada y vacía, detrás de ellos.

Yo les observaba atentamente.

Gritos se oían en la serena tarde.

Yo les observaba atentamente.

No tenía explicación a lo que estaba sucediendo. La vela parece que quiere recuperarse.

Un segundo.

Yo les observaba atentamente.

Dos segundos.

Yo les observaba atentamente.

 

La vela está casi arriba. Y entonces, impactaron en la ladera, volando hacia atrás debido a la configuración de la vela. Mi amigo primero, mi amada justo a su lado.

Los dos rebotan y vuelven a caer del lado izquierdo. Veo el casco rojo de mi amada cómo se mueve, zarandeado. Lo tomo como referencia.

Luego, paz.

Yo les observaba atentamente.

No se mueven.
Siguen sin moverse.

Yo les observaba atentamente.

Decido aterrizar al lado de ellos, YA.
Me acerco, perdiendo altura, con giros cerrados y descontrolados. La restitución hace su trabajo, impidiéndome tomar. Mi querida vela me está enseñando con su lenguaje una lección de cómo jugar con una ladera sin tocarla. ¡AHORA NO!¡NO ME ENSEÑES NADA AHORA!¿NO LO ENTIENDES?¿NO ENTIENDES QUÉ ESTÁ PASANDO?
Entonces me lo encontré.
Mi vela, sin presión. Mi ala, sin querer volar. Levanto los frenos, vuelve a sustentar. Estamos volando dentro de la causa que hizo que mi amigo y mi amada se fueran al suelo.
Me tengo que ir de ahí.
Noto que estoy gritando, no sé el qué.
Noto que estoy respirando muy deprisa.
Noto que si sigo así, seremos tres impactando en el suelo. (¿Importa?)
El sentido común, muy a mi pesar, en ese momento irrumpe.

VETE.

MÁS AÚN, VETE A LA TOMA. NO TIENES ALTURA PARA ATERRIZAR EN OTRA PARTE.

Ellos no se mueven, ya hay gente alrededor, entre ellos, la mujer de mi amigo.

Aún así, grito: ¡QUE NO SE MUEVAN!
Pero es que percibo que no se mueven.

 

Por la emisora, me comentan que están conscientes; ella tiene mucho dolor en un tobillo, él se queja mucho de la espalda, pero mueve las extremidades.

Yo, derrotado, inútil, convidado de piedra, solo valgo para decir que me tengo que ir a la toma, y que alguien vaya a buscarme.
Pero la restitución sigue. Llego a la toma con la misma altura.
Quiero bajar ya.

Desesperación.

¿Barreno?
Mi sentido común, otra vez… Si barreno en mi estado, probablemente llegue al suelo sin capacidad de recuperarla.
Mejor giros cerrados, pero sin llegar a barrenar.

Doy interminables giros.

La luz mortecina del día me sigue mientras tanto enseñando su lado gris. ¿Por qué me está poniendo ese velo de luto, si no hay motivo? ME NIEGO A QUE HAYA MOTIVO.
Por fin bajo. Poco a poco. Cuando quedaba ya poca altura, pienso que podría haber metido orejas.
Concéntrate en el aterrizaje. Suave, suave… perfecto.
Siempre que aterrizo, me siento que vuelvo a la realidad, al ser terrestre torpe y un poco inútil que soy… ahora me siento, además, derrotado.
Me recogen.
Cuando llego a la zona donde ocurrió todo, ya es de noche. Ya está la ambulancia atendiendo. Pero yo he sido un mero espectador pasivo de todo. Me cuentan los médicos que no están mal, que podría haber sido peor…
 
Alioth se recupera de una fractura “noble” de tobillo y diversas contusiones y contracturas en la espalda. Nada que no se solucione con reposo.

Oce tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para sujetarle dos vértebras. No ha tenido lesiones medulares, y aunque su reposo y rehabilitación serán más largos, las perspectivas son muy optimistas y parece que no le quedarán secuelas.

Ambos se han prometido repetir ese vuelo cuando se recuperen...

Unos días después, volví a la zona.

Quería saber qué pasó.

Recreé la dirección del viento aquel día. Zona de vuelo: Loja (Granada). Despegue de poniente. Orientación Oeste casi perfecta. Si el viento entra un poco cruzado de norte, como aquél día en el momento del incidente, hay una loma con una cantera a la derecha que puede producir turbulencia.
Oce y Alioth tuvieron la mala suerte de hacer un tres sesenta y acabarlo justo encarados a ella y dentro de esa zona de turbulencia. En la leve trepada que esa maniobra tiene, se produjo una pérdida dinámica y no tuvieron suficiente altura ni tiempo para recuperarla.
Desde luego, el tener buenas sillas tanto de piloto como de pasajero, les salvaron de tener consecuencias fatales.
Lo más gracioso de todo es que si hubieran pasado volando normalmente por ahí, sólo habrían notado movimiento… si hubieran hecho ese giro cincuenta metros mas arriba, nada habría pasado. La existencia de esa turbulencia no era para nada evidente, al menos para mí en aquel momento.

 Bajé hasta la zona del accidente para verlo mejor.

Entre las piedras del suelo, encontré una pluma dorada. No era la pluma azul del libro “Ilusiones” de Richard Bach, pero era dorada. Y es que deseaba encontrar una explicación a todo.
Los tres creo que necesitábamos aprender cosas con esto. Alioth, paciencia y parar su actividad un poco; Oce, más paciencia y parar su actividad más todavía. La dosificación adecuada para cada uno.

Y yo… que tengo que valorar más las cosas que doy por hecho en mi vida, porque en un solo momento, las puedes perder… de un plumazo.

 

 

2009-09-15 21:21:18.0     Comentarios [14]     Permalink     Añadir Comentario
 

 
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