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El parapente del siglo pasado.

2010-01-26 16:36:43.0     Comentarios [8]     Permalink     Añadir Comentario
 

Este invierno está resultando ser bastante malo, en lo que a vuelo se refiere... Un frente tras otro, lluvia, nieve y viento, mantienen mi sombra pegada a mi cuerpo.
Los vuelos vividos en el pasado los rememoro como si sueños fueran, mientras espero pacientemente a que las condiciones meteorológicas sean clementes y me permitan volver a volar...
 
Entretanto, he recordado alguna conversación en la que pilotos de este siglo nos preguntan a los pilotos del siglo pasado que cómo éramos capaces de volar con los parapentes de aquélla época, más parecidos a un colchón de muelles que a un perfil aerodinámico...
Las cosas, desde luego, han evolucionado mucho y para bien, pero los trastos de entonces también volaban algo.
 
Como entretenimiento, he editado un vídeo con el material gráfico que tengo de mí en aquélla época.
Eran otros tiempos, mi juventud y mis ganas de volar podían con todo, al principio podéis ver cómo era eso de despegar de frente y corriendo sin cargar peso porque no parecía que fuera tan importante. Del aterrizaje, mejor no hablar.
Luego, podréis ver que por entonces me atrevía con una ladera en condiciones “alegres”: viento más que pasado, a pesar de lo cual saco el anemómetro como para asegurarme de que está en el límite volable... ladera con lluvias alrededor, mi avidez por volar era tal que podía esperar a que una tormenta pasase para despegar en el viento que trae después... podéis ver que todavía al fondo, en el horizonte, está lloviendo...
Con ganas de sentir la adrenalina, despego y saludo al que me graba de una forma “distinta”, hago unos wingovers... por entonces estaba ávido por saciar mi curiosidad por este deporte, creo que todos hemos pasado por una época similar, en la que te probabas a ti mismo... y tus límites. Menos mal que la dosis de prudencia estuvo ahí y no me salí excesivamente de las reglas del juego, lo que me permitió madurar en esto y aprender a volar sosegadamente, y a renunciar a volar si no creo que vaya a disfrutar.
 
Los que me conocéis, probablemente sonreiréis al verme con pelo... tampoco es que fuera la cabellera de los Jackson Five, pero algo había...
 

Los vuelos del siglo pasado... ¿Realmente existieron, o son también parte de mi imaginación?

 

Paragliding in the 90's / Parapente en los 90 from Superop on Vimeo.

2010-01-26 16:36:43.0     Comentarios [8]     Permalink     Añadir Comentario
 

 

La desesperación del que observa.

2009-09-15 21:21:18.0     Comentarios [14]     Permalink     Añadir Comentario
 

Un día bueno.

El calor que las marmóreas rocas de la zona habían ido acumulando durante la jornada, poco a poco se iba liberando de nuevo, ascendiendo al unísono, convirtiendo el valle en una gigantesca ascendencia. Gigantesca y suave a la vez.

Restitución.

 Desde la zona de despegue se puede ver el aire en el valle, denso, formando una tenue bruma vespertina, que hace que el horizonte, el paisaje, se desdibuje en tonos grises, como un velo que cubre todo para protegerlo de la noche venidera y que así conserve su color real para ofrecerlo al despertar del siguiente día.

Condiciones de ladera en el vuelo de poniente.

Decidimos despegar mi amigo y mi amada en el biplaza, yo con mi propia ala. Primero ellos, luego yo.

 

Cuando quise buscarles, eran los mas altos de todos en la ladera. Y éramos siete u ocho.

Inalcanzables.

Compenetración total entre ellos. Girando con absoluta precisión, sin perder un ápice de altura. Como un vals perfectamente ensayado.
Yo mientras tanto, animo a mi vela. Tenemos que encontrar una ascendencia que nos permita subir donde están ellos… las ascendencias son muy suaves, los núcleos son pequeños y hay que ser muy suave para no perderlas… Gira plano, pequeña… más cuerpo y menos mando… poco a poco consigo metros… Cinco, diez, veinte, cincuenta… cien.

Pero ellos siguen ahí, un poco más cerca, sí, pero inalcanzables en su balcón privilegiado… unos cincuenta o sesenta metros por encima de mí…

 

 

La tarde poco a poco va apagando los motores que mueven el mundo; el sol decide empezar su retirada tranquila… la restitución del valle empieza a ser más suave, más suave, más suave… como las palabras de un hipnotizador que hace sucumbir en un extraño sopor a quien le escuche… pequeños resquicios de viento meteo de norte están empezando a aparecer, con la misma suavidad y silencio que el viento de oeste deja ser invadido… es imperceptible.

Paulatinamente, todos los navegantes aéreos vamos perdiendo altura. Pero por supuesto, ellos dos en su tándem son aún los más altos, aunque cada vez, por fin, mas igualados.
Estamos unos ochenta metros por encima y por delante de la zona de despegue.
Al advertir que ya todo se empieza a acabar, mi amigo decide efectuar un tres sesenta para perder un poco de altura, ponerse a mi nivel y después culminar en un viaje final paralelos hasta la toma.El giro, perfecto, abierto, sereno, tal como es su estilo de vuelo.

Yo les observaba atentamente.

Entonces, inexplicablemente, su vela desapareció, arrugada y vacía, detrás de ellos.

Yo les observaba atentamente.

Gritos se oían en la serena tarde.

Yo les observaba atentamente.

No tenía explicación a lo que estaba sucediendo. La vela parece que quiere recuperarse.

Un segundo.

Yo les observaba atentamente.

Dos segundos.

Yo les observaba atentamente.

 

La vela está casi arriba. Y entonces, impactaron en la ladera, volando hacia atrás debido a la configuración de la vela. Mi amigo primero, mi amada justo a su lado.

Los dos rebotan y vuelven a caer del lado izquierdo. Veo el casco rojo de mi amada cómo se mueve, zarandeado. Lo tomo como referencia.

Luego, paz.

Yo les observaba atentamente.

No se mueven.
Siguen sin moverse.

Yo les observaba atentamente.

Decido aterrizar al lado de ellos, YA.
Me acerco, perdiendo altura, con giros cerrados y descontrolados. La restitución hace su trabajo, impidiéndome tomar. Mi querida vela me está enseñando con su lenguaje una lección de cómo jugar con una ladera sin tocarla. ¡AHORA NO!¡NO ME ENSEÑES NADA AHORA!¿NO LO ENTIENDES?¿NO ENTIENDES QUÉ ESTÁ PASANDO?
Entonces me lo encontré.
Mi vela, sin presión. Mi ala, sin querer volar. Levanto los frenos, vuelve a sustentar. Estamos volando dentro de la causa que hizo que mi amigo y mi amada se fueran al suelo.
Me tengo que ir de ahí.
Noto que estoy gritando, no sé el qué.
Noto que estoy respirando muy deprisa.
Noto que si sigo así, seremos tres impactando en el suelo. (¿Importa?)
El sentido común, muy a mi pesar, en ese momento irrumpe.

VETE.

MÁS AÚN, VETE A LA TOMA. NO TIENES ALTURA PARA ATERRIZAR EN OTRA PARTE.

Ellos no se mueven, ya hay gente alrededor, entre ellos, la mujer de mi amigo.

Aún así, grito: ¡QUE NO SE MUEVAN!
Pero es que percibo que no se mueven.

 

Por la emisora, me comentan que están conscientes; ella tiene mucho dolor en un tobillo, él se queja mucho de la espalda, pero mueve las extremidades.

Yo, derrotado, inútil, convidado de piedra, solo valgo para decir que me tengo que ir a la toma, y que alguien vaya a buscarme.
Pero la restitución sigue. Llego a la toma con la misma altura.
Quiero bajar ya.

Desesperación.

¿Barreno?
Mi sentido común, otra vez… Si barreno en mi estado, probablemente llegue al suelo sin capacidad de recuperarla.
Mejor giros cerrados, pero sin llegar a barrenar.

Doy interminables giros.

La luz mortecina del día me sigue mientras tanto enseñando su lado gris. ¿Por qué me está poniendo ese velo de luto, si no hay motivo? ME NIEGO A QUE HAYA MOTIVO.
Por fin bajo. Poco a poco. Cuando quedaba ya poca altura, pienso que podría haber metido orejas.
Concéntrate en el aterrizaje. Suave, suave… perfecto.
Siempre que aterrizo, me siento que vuelvo a la realidad, al ser terrestre torpe y un poco inútil que soy… ahora me siento, además, derrotado.
Me recogen.
Cuando llego a la zona donde ocurrió todo, ya es de noche. Ya está la ambulancia atendiendo. Pero yo he sido un mero espectador pasivo de todo. Me cuentan los médicos que no están mal, que podría haber sido peor…
 
Alioth se recupera de una fractura “noble” de tobillo y diversas contusiones y contracturas en la espalda. Nada que no se solucione con reposo.

Oce tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para sujetarle dos vértebras. No ha tenido lesiones medulares, y aunque su reposo y rehabilitación serán más largos, las perspectivas son muy optimistas y parece que no le quedarán secuelas.

Ambos se han prometido repetir ese vuelo cuando se recuperen...

Unos días después, volví a la zona.

Quería saber qué pasó.

Recreé la dirección del viento aquel día. Zona de vuelo: Loja (Granada). Despegue de poniente. Orientación Oeste casi perfecta. Si el viento entra un poco cruzado de norte, como aquél día en el momento del incidente, hay una loma con una cantera a la derecha que puede producir turbulencia.
Oce y Alioth tuvieron la mala suerte de hacer un tres sesenta y acabarlo justo encarados a ella y dentro de esa zona de turbulencia. En la leve trepada que esa maniobra tiene, se produjo una pérdida dinámica y no tuvieron suficiente altura ni tiempo para recuperarla.
Desde luego, el tener buenas sillas tanto de piloto como de pasajero, les salvaron de tener consecuencias fatales.
Lo más gracioso de todo es que si hubieran pasado volando normalmente por ahí, sólo habrían notado movimiento… si hubieran hecho ese giro cincuenta metros mas arriba, nada habría pasado. La existencia de esa turbulencia no era para nada evidente, al menos para mí en aquel momento.

 Bajé hasta la zona del accidente para verlo mejor.

Entre las piedras del suelo, encontré una pluma dorada. No era la pluma azul del libro “Ilusiones” de Richard Bach, pero era dorada. Y es que deseaba encontrar una explicación a todo.
Los tres creo que necesitábamos aprender cosas con esto. Alioth, paciencia y parar su actividad un poco; Oce, más paciencia y parar su actividad más todavía. La dosificación adecuada para cada uno.

Y yo… que tengo que valorar más las cosas que doy por hecho en mi vida, porque en un solo momento, las puedes perder… de un plumazo.

 

 

2009-09-15 21:21:18.0     Comentarios [14]     Permalink     Añadir Comentario
 

 

No olvidemos para qué volamos.

2009-08-30 22:17:40.0     Comentarios [4]     Permalink     Añadir Comentario
 

Aún recuerdo cuando para volar en parapente yo no necesitaba casi nada.

Mi vela, mi silla, ropa cómoda y un casco.

La pasión por estar en ese extraño medio que por alguna razón consideraba, y aún lo sigo haciendo, como mi verdadero hogar.
Los años van pasando, y ahora resulta curioso ver lo especializado de los monos de vuelo, las distintas clases de sillas, los complejos instrumentos de navegación; cualquier catálogo de parapentes está lleno de siglas novedosas, de prestaciones y datos por doquier, cientos de modelos… para pilotaje activo, para cross, para acro, para vuelo de altas prestaciones, para vuelo de iniciación…
Ya casi nadie se conforma con un planeo de cinco minutos descendiendo a primera hora de la mañana.
Los vuelos sin viento están relegados al olvido.
Cuando no hay posibilidades de aterrizar arriba, ya se califica de vuelo malo. Y más aún si no se ha superado la altura del despegue.
Yo, con mis ojos inquietos, veo eso cotidianamente, y no puedo evitar sentirme un poco desplazado, porque yo todavía aprecio el aterciopelado roce del rocío mañanero en la cara mientras desciendo volando por un valle frío, casi sin viento, respirando los olores que la incipiente mañana trae como forma de comunicarse conmigo.
Cierto es que esos vuelos son cada vez menos, que yo también me he instalado un poco en la comodidad de la placentera restitución despreocupada, o de las térmicas de por la tarde, que son mas maduras y relajadas.
A veces, también caigo en el juego de las cifras, de las prestaciones, me gusta ver qué hay en el mercado… comparo datos, gráficas… analizo un sondeo del NOAA para ver las previsiones de techo del día siguiente, con los ojos fríos que tendría un linotipista componiendo cualquier obra inmortal…Y entonces corro el riesgo de olvidar para qué vuelo realmente.

Quizá sea parte del riesgo que se corre al convertir algo excepcional en cotidiano.

Casi se me había olvidado qué es eso de que el hombre vuele. Lo que siempre ha perseguido nuestra especie desde que tiene uso de razón…
Ha tenido que venir un amigo mío, un cuasi-hermano, al que hace ya muchos años casi convencí para que probase un biplaza, a recordarme para qué volamos en realidad.
Por fin, muchos años después, decidió venir él y una cuasi-hermana suya, a probar suerte y realizar su particular sueño de volar, sentir en propias carnes esa disociación extraña que es despegar la sombra del cuerpo…
 

Y lo lograron. Ella por la mañana, con una térmica de regalo incluida, él por la tarde, en una restitución que permitió que el vuelo acabara en top-landing.

 
 
Entonces lo vi. Vi esa sonrisa nueva dibujada en sus caras, aprecié el nerviosismo que hay antes de despegar, cuando te enfrentas a lo desconocido y algo dentro de ti lo teme. Semblante serio, inexpresivo.

También sentí en mí mismo la ilusión de compartir con un cuasi-hermano algo muy especial. Mientras estaba en el aire, yo también flotaba un poco con él…

 

 
 
 Tan especial fue su momento, que en su blog ha escrito su propia visión de todo:

 http://abeblogabe.blogspot.com/2009/08/volar-la-version-de-abe.html

 
Y Yo…
 

“Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais. Ver los Pirineos por debajo, mas allá de Castejón… He visto reflejos de la luna en la oscuridad, volando de noche, cerca del despegue de La Muela… todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia…”

2009-08-30 22:17:40.0     Comentarios [4]     Permalink     Añadir Comentario
 

 
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