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Una historia sencilla

2008-07-29 17:49:01.0     Comentarios [7]     Permalink     Añadir Comentario
 

Hoy voy a contar una historia de ilusión por el vuelo, de simples ganas de compartir estados de ánimo, de ser parte del todo en el que estamos inmersos...
Y es, sencillamente, una fábula.

Había una vez un pequeño pajarillo de torpe vuelo, el cual era feliz simplemente dando esos "saltos largos" que él consideraba grandes planeos. Le llenaban y los disfrutaba plenamente.
Asimismo, también disfrutaba viendo los vuelos de las grandes aves, admiraba su estilo, su capacidad de hacer distancia, su gallardía. Podía pasarse horas mirándolos, contemplando sus evoluciones aéreas hasta que desaparecían por el horizonte, o hasta que se confundían en el cielo cuando se iban acompañando una nube.
En una ocasión, el pajarillo cayó enfermo. Una debilidad extrema le estaba impidiendo incluso aletear en las mismas laderas que en otras ocasiones habría sobrevolado. A duras penas podía mirar esos paisajes sin que automáticamente se le llenasen los ojos de lágrimas de añoranza.
Como las desgracias nunca suelen venir solas, al pajarillo se le rompió un ala. Ahora sí que se había quedado en tierra. Ya ni con las pocas fuerzas que le quedaban podría separar sus patas del suelo.
En el fondo, sabía que todo eso era temporal, que su ala sanaría y que su enfermedad pasaría, sus fuerzas volverían a ser las de antes...
Pero no podía evitar esa tranquila desesperación que le desasosegaba.
Aún así, iba con su mujercita a todas partes, porque ella sí podía volar. Y cuando ella volaba, en el fondo volaba él también. Y salieron un buen día de su nido ("el ñeru", le llamaban ellos), a una concentración y campeonato de vuelo, donde las mejores rapaces y las aves más competitivas iban a medir sus capacidades.

El pajarillo estaba emocionado. Tanto colorido en el cielo le tenía desbordado. Y no hacía más que charlar con otras aves que también habían ido a ver el evento. Aves a las que conocía por haberse comunicado con mensajes llevados por palomas, o a las que sólo conocía por referencias.
Y se dio cuenta de que no todas las grandes aves voladoras son seres distantes e insulsos. De hecho, eran sencillos, accesibles, eran felices y les gustaba compartir esa felicidad.

Uno de ellos, al ver el estado del pajarillo, le dijo: "Si quieres, sube conmigo, y te llevo a volar con todos".


El pajarillo le miró con ojos renovados. Pero sabía que podría condicionar el vuelo de ese ave. No hizo demasiado caso y dejó que se fuera a volar solo.
Esa misma tarde, el pajarillo estaba otra vez en el despegue. Había unas condiciones de ladera perfectas. Y volvió a aparecer otra vez el mismo ave.
"Bueno, pues ahora no te escapas... agárrate, que te llevo a volar."
Y salieron.
Fue mágico. La ladera sujetaba suavemente, iban de un lado a otro a capricho, integrados con las otras aves como una más, todos bailando un vals en conjunto e individual a la vez... Entonces salió la mujer del pajarillo a volar.
Era la primera vez que compartían la ladera juntos, que pasaban el uno al lado del otro, que se veían y saludaban en vuelo.
El sol, poco a poco, en su descenso, iba alargando las siluetas de las rocas sobre los valles, y proyectaba extrañas penumbras que unían las nubes a sus sombras en el suelo...
Analizó por qué un ave que volaba tan bien sola, optaba por cargar con un peso extra tan alegremente.
La razón era bien simple: A ese ave le gustaba volar. Pero más aún, sabiendo lo mágica que es esa sensación, le gustaba compartirla con cualquiera que estuviese dispuesto. ¿Y quién puede estar más dispuesto que un pajarillo?
Desde luego, ese viejo ave sabía apreciar el vuelo en su plenitud. Posiblemente, no era el mejor de todos los que al concurso se presentaron; de hecho, ni siquiera competía. Pero posiblemente sabía disfrutar y comunicar su disfrute como pocos. Y posiblemente, no estaba en su objetivo competir, al menos en esa ocasión.

Llegaron al fin al suelo torpemente, con tropezón incluído; el pajarillo era otra vez esa bolita con su ala rota, y el gran ave parecía uno más. No se le apreciaban signos externos de grandiosidades ni de necesidad de aplausos por su vuelo. Simplemente, había disfrutado ese vuelo tanto como si hubiera ido solo. Pero la diferencia de ir solo o no, es que así había hecho a otro feliz...

Pues el pajarillo ha dejado de lamentarse por su estado; mira por la ventana de su ñeru y el pecho se le hincha porque sabe que pronto podrá recuperarse y estar con su mujercita compartiendo ese aire, viendo cómo las grandes aves vuelan y, quién sabe, a lo mejor se cruza con un majestuoso ave que, si uno se fija bien, está llevando a un ser feliz con él...

GRACIAS, OSKARBIERZO.

2008-07-29 17:49:01.0     Comentarios [7]     Permalink     Añadir Comentario
 

 

La felicidad... Camino Soria.

2008-05-22 09:13:42.0     Comentarios [4]     Permalink     Añadir Comentario
 

A primeros de Mayo nos dió a mi mujercita y a mí por irnos, de forma improvisada, a Soria.
Es un sitio al que mi mujer le tiene especial cariño; entre otras cosas, porque fue allí
donde hizo su primera ladera, hace ya catorce años.
Por entonces, conocimos a Javier del Valle, que se volcó con nosotros enseñándonos zonas de
vuelo de las proximidades, e incluso dejó un parapente a Esther para que voláramos los dos. No contento con eso, llegamos a una ladera que tenía el viento ideal para salir. Mi mujer no tenía ni idea de qué hacer, así que Javier la estuvo dando unos consejos y la ayudó a salir.

Disfrutó como una enana.

Bueno, pues como iba diciendo antes, decidimos volver a esa mágica ladera para volar, o al menos que nos diese el aire.

Pues al final, apareció de nuevo Javier, e incluso nos reconoció tantos años después...

La conclusión es que fue un puente perfecto. Por las mañanas estábamos literalmente solos en el campo. Nos dimos esos vuelos frescos de descenso tranquilo, acompañados por algún pajarillo, viendo el uno cómo volaba el otro... disfrutando uno del otro y de la libertad.
Por las tardes, yo ya estaba demasiado cansado como para tirar del parapente con un viento
que ya estaba fuerte, pero Esther sí aprovechó y volvió a realizar su particular comunión con la ladera, el aire y ella.

Y ví que los tres eran uno. El misterio de la Trinidad, quedaba por fin resuelto.
Tendríais que haberla visto girar, tendríais que haberla visto rendirse y bajar porque se le
hacía de noche...

Por supuesto, Javier estaba allí, y tal como hacía catorce años, la estuvo ayudando a salir al aire. Y entonces inmortalicé la escena...

1994:

2008:

Son los mismos, Javier ayudándola y ella saliendo.

Gracias, Javier.

Hacedme caso: Es fácil ser feliz, a pesar de todo lo que te pueda estar pasando.

Simplemente, disfruta del Ahora. Vive el presente, el instante presente, sin pensar en el instante de después.

Y la felicidad aparecerá radiante, estrechándote entre sus brazos.

2008-05-22 09:13:42.0     Comentarios [4]     Permalink     Añadir Comentario
 

 

El parapente como terapia

2008-03-11 13:59:41.0     Comentarios [10]     Permalink     Añadir Comentario
 

Hoy voy a contaros una historia que para nada quiero vestir de tintes trágicos, sino todo lo contrario, esperanzadores.

Hace años fui diagnosticado de Hepatitis C, un tipo de hepatitis que se queda a “vivir contigo” en silencio, sin ningún síntoma ni molestia, y que en unos 30 años de media, acaba dando la cara en forma de cirrosis... acabas con el hígado hecho paté, que si fumas porros, te sale a las finas hierbas...

Bueno, como no quiero ser parte de la estadística de los de “Apis” o de “La Piara”, decidí ponerme en tratamiento antes de llevar las cosas mas lejos.

Ahí aparece una segunda parte... resulta que el tratamiento tiene unos efectos secundarios de órdago, y encima tengo un “bicho” resistente a él.

Básicamente, el tratamiento consiste en un montón de pastillas combinadas con una inyección los viernes. A los tres meses de tratamiento, te hacen una prueba de virus, si te los vas cargando se sigue con ello hasta completar un año, y si no has reaccionado, se suspende el tratamiento. Hay un 40% de éxito.

Llevo un mes de tratamiento.

Bueno, pues hasta ahí, bien. Pero los efectos secundarios...

Son un compendio. Hay uno muy común (que todavía no me ha dado), que consiste en una especie de gripe: Dolor articular, fiebre, malestar, náuseas...

Otro que aparece (y creo que ese sí que lo llevo) es una anemia. No tienes fuerzas para nada, estás cansado eternamente...

Os podría aburrir con el resto de cosas que van apareciendo o que pueden aparecer, pero no es el caso. Bueno, una cosa que también es común es una depresión, que puede en algunos casos llevar a ser agresivo o suicida... espero que me dé por lo primero, al menos es mas divertido y se puede repetir...

Todo esto depende de cada uno, a algunos tienen que quitarles el tratamiento porque su cuerpo no resiste, otros lo llevan mejor...

Todo este rollo lastimero es para transmitiros que hay algo que me mantiene en pie... las ganas de volar. (y mi mujer, pero eso es otra historia...)

El pinchazo de los viernes prácticamente garantiza un fin de semana en cama, hecho polvo... pues yo vivo toda la semana con la ilusión de ir los sábados a volar.

Miro todos los días las nubes, veo pasar los frentes, me imagino los vuelazos que habrá en las laderas orientadas que conozco... Miro el youtube, paseo por los foros, disfruto viendo a los buitres, me quedo embobado con los revoloteos de los pajarillos que ya barruntan la primavera y empiezan a aparecer...

Poco a poco mis fuerzas me abandonan.

El sábado pasado llegué a duras penas a estar “entero” después de comer; me encontraba como una marioneta sin hilos. Pero volé por la mañana.

Esta semana no va muy fina que digamos... cada vez estoy más y más lento, y ya no sé yo cómo me va a sentar el banderillazo del viernes... pero el sábado hay que intentar volar... y si no se puede, que sea por el viento, que parece que viene un poco pasado para ese día...

Si por alguna casualidad tú que me estás leyendo tienes una enfermedad larga, o algo que te preocupa y que no te deja salir del pozo en el que te encuentras, VUELA. Y cuando no puedas, recuerda tu vuelo especial. Ese que te dejó pensativo durante días. Ese que te dejó una sonrisa peculiar e incomprensible para todos. Y entonces, ten la certeza de que lo que estás haciendo es prepararte para repetirlo. De una u otra forma, si realmente quieres, vas a volar, y vas a estar bien para ello.

Y ese día, tendrás una sonrisa peculiar e incomprensible para todos.

Peculiar... incomprensible.

2008-03-11 13:59:41.0     Comentarios [10]     Permalink     Añadir Comentario
 

 
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