La desértica costa de Paracas, no muy lejos de Nazca en el Perú, posée una misteriosa belleza que invita a la aventura y a dejar volar la imaginación. Llegué a Paracas en compañía de mi buen amigo José Rosas de Lima, durante mi segundo viaje por el Perú. Jose me enseñó los rincones más espectaculares de esta sedienta región donde la palabra "lluvia" no aparece en el diccionario. Los vuelos aquí empiezan y terminan por la mañana temprano, ya que antes del medio dia la fuerza del viento ya creció tanto que invita a recoger la vela y acercarse por la terraza del Hotel Paracas en el pueblo homónimo y deleitarse con los que podrían ser posiblemente, los mejores "pisco souer" de todo el Perú, ¡palabra!. Este tentador y nada "inocente" cocktel inventado hace ya varias décadas por un inspirado barman del viejo "Gran Hotel Bolivar", el hotel más antiguo de la ciudad de Lima y el más fastuoso y elegante en su tiempo, resulta un nectar delicioso, pero si tomas más de dos ó tres es facil que al día siguiente no recuerdes nada de lo que hiciste el dia anterior. ¡Aviso!
Viajar por Perú sin prisas y con tu parapente en la espalda es un regalo de la vida. En 1995 viajé por primera vez a este país en compañía de Takaki Sato, "Taka", un gran piloto y amigo con el que compartí inolvidables y gratas experiencias. Taka falleció un año después de que le sacara esta foto, pero su recuerdo sigue vivo en mi memoria al igual que cada uno de los dias que vagabundeamos por las tierras del Inca. Llegar a Machu Picchu fué un viejo sueño hecho realidad, pero volar allí superó todos los sueños.