Cuando el piloto y aventurero americano Jimmy Ángel divisó por primera vez desde el aire esta prodigiosa caida de agua debió de sentir lo mismo que yo casi 70 años más tarde: Emoción y alegría. Ese dia las nubes cubrían toda la cumbre del Auyantepuy ó Montaña del Diablo en lengua Pemón. El piloto de Servivensa ya se disponía a proseguir el vuelo hasta el Campamento Canaima después de realizar varios intentos de aproximarse a la montaña sin haber logrado atisbar ni una sola piedra del tepuy. Cuando ya me había hecho a la idea de que tendría que conformarme con un par de postales de recuerdo, se abrió ante mis ojos y mi cámara un fugaz pero mágico claro entre la bruma y las nubes que me permitió disparar algunas rápidas fotos de la impresionante caida de agua más grande del mundo: El Churún Merú ó Salto Ángel. Entre lo efímero del claro y la "montaña rusa" que era el avión donde me encontraba, solo me salió esta única foto (ni tan mal) que guardo orgullosamente.
Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la autoría de su descubridor. Jimmy Ángel siempre afirmó y mantuvo que habia sido él, aunque como digo existen otras versiones. Lo que si es seguro es que al menos fué el primer ser humano que "aterrizó" medio estrellándose sobre la meseta del Auyantepuy acompañado de su mujer y un par de colaboradores. El avión quedó con el morro clavado en el barro sin poder volver a despegar y durante muchos años permaneció allí abandonado. El caso es que independientemente de quién descubriera esta maravilla de la naturaleza, el Salto Ángel, la caida de agua más alta del mundo con casi un quilómetro de altura lleva y llevará siempre el nombre del intrépido piloto Jimmy Ángel. Todo un honor
No, no es un montaje aunque pueda parecerlo. Lo que se ve debajo de mis botas no es la M-30 ni nada parecido, es la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Mérida en Venezuela. A primeros de los años 90 aún era posible despegar en las inmediaciones del Pico Bolivar en los Andes venezolanos y aterrizar felizmente sobre la hierba colindante con el asfalto. Lo que había que hacer era solicitar previamente un NOTAM en la Torre de Control del aeropuerto. Una vez en vuelo solo había que seguir las instrucciones por radio de la Torre para las maniobras de aproximación y aterrizaje como cualquier aeronave. El avión de pasajeros que se aprecia en la pista, no recibió autorización para el despegue hasta después de mi aterrizaje. Surrealista no?. Eran otros tiempos.