Estamos volando. En el llano. Hay buenas térmicas en la ladera y hasta un buen techo pero, ni una nube en todo el cielo. Caca de vaca y con esto ¿adónde quiero ir?.
Me viene a la memoria el vuelazo de Borja Rodríguez, Ramón Morillas y Luis Castellanos. De Pedro Bernardo hasta Albacete, caga y vete. Borja se hizo más de 200 kilómetros. No había ni una sola nube en el cielo.
Pues hala, vamos vamos. A cazar térmicas en azul.
Salgo con el techo, muy alto. Antes elegía una línea de vuelo al azar, como jugando a la ruleta rusa. Me relajaba, casi distraía, durante el planeo. Si me tropezaba con una térmica, pues la giraba y hasta arriba. Cuando me acercaba al terreno, me ponía a buscar referencias: pueblos, bordes de bosques, relieves en el llano, campos de trigo, … A elegir y a confiar en el ciclo de la térmica de ese pueblo, quizá del siguiente, quizá hasta de un tercero. La ruleta rusa.
Ahora creo que tengo un truco. Desde el principio me concentro y relajo al máximo. Busco sentir el aire. El aire, no la vela. Vuelo lo más recto posible, pendiente de mi tasa caida y planeo, sí. Y de la información, las claves que me da el aire: cambios de velocidad, ligeras turbulencias, cambios de presión en cada semiala y … cambios de rumbo.
Para estos últimos me fijo un punto en el horizonte, una referencia visual de mi rumbo. No vale el GPS, es muy lento.
De repente algo pasa. Siento que me voy hacia un lado. Como si derrapara el parapente. Mi punto en el horizonte se ha movido. Estoy derivando. No he notado que el aire haya levantado (o bajado) una semiala más que la otra. Dejo decidir al instinto y muchas veces en lugar de recuperar el rumbo (en competición sería seguir la flecha), me dejo llevar. Con el viento. Incluso giro hacia donde estoy derivando. Y me aguanto la tentación de volver al rumbo que me marca el GPS, al camino recto.
Recorro 200-500 metros fuera de rumbo, a veces más, a veces menos. A veces en un ángulo de 60 grados, otras casi 90. Hay que tener fe. Noto la descendencia, algo de turbulencia y ... ¡¡¡YEAAH!!! aquí está la térmica. Suena el vario con alegria, ¡a por ella!.
La cacé.
La teoría la leí en un libro de aladelta. Luego empecé a aplicarla. No siempre funciona claro. Aunque lo mismo pasa con cualquier otra técnica para buscar térmicas. Muy resumida dice así:
Un campeón australiano de ala delta contaba que podía detectar térmicas que estaban ¡hasta a 2 kilómetros! de distancia de su rumbo. No necesito más teoría. Lo que sé es que a mí me funciona bastante a menudo, aunque todavía no he sido capaz de tener fe más allá de 1 kilómetro fuera de rumbo.
Con el viento…